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REpensando sobre el tratamiento de las Especies Invasoras: Los Hipopótamos en Colombia

  • katherinabach
  • Feb 16, 2022
  • 4 min read



Hace un par de años, un avión con animales de África aterrizó ilegalmente en territorio Colombiano. Las especulaciones han sido variadas: desde el afán de cumplir los sueños de hijos de algunos grandes traficantes de drogas cómo también utilizar los excrementos de estas criaturas para evadir a las autoridades antidrogas. No importan las razones por las cuales finalmente llegaron, sino la reflexión que se debe hacer, sobre la introducción de especies no nativas en los ecosistemas.


Después de 40 años, hoy tenemos una población de hipopótamos en crecimiento exponencial, como nunca antes visto. Han logrado adaptarse a la biodiversidad local, y reproducirse a tasas mayores del 14% anual, según el último estudio del Instituto Alexander Von Humboldt en Colombia. Los hipopótamos se han convertido en una amenaza, especialmente para especies nativas como el chigüiro (capibara) o el manatí. No porque los hipopótamos sean carnívoros. Son vegetarianos. Pero sus hábitos alimenticios y su desproporcionada reproducción están afectando la cadena alimenticia de otras especies entre ellas las anteriormente mencionadas.


Invito a varias reflexiones: la primera, sobre la importancia de proteger a las especies nativas indiscutiblemente y a ejercer controles como lo han hecho en muchos países del mundo como en el caso de Australia y Nueva Zelanda, países que son extremadamente rigurosos con la introducción de especies invasoras o incluso la introducción de productos que puedan afectar a los ecosistemas.


Pero la segunda reflexión va mucho mas allá: cuando una especie invasiva ha sido introducida y se ha adaptado a las condiciones ambientales que favorecen su reproducción, como el caso de los hipopótamos en Colombia, cómo debemos actuar?


Las soluciones pueden ser variadas, como por ejemplo las contempladas en alguna oportunidad en donde la caza furtiva de estos animales fue autorizada por el gobierno nacional en aras de controlar los impactos negativos frente a los ecosistemas y proteger la diversidad local.


Pero no nos mintamos: nos encontramos en un mundo tan globalizado, que incluso ya controlar la introducción de especies consideradas invasivas prácticamente es imposible. Entonces la gran reflexión y preguntas que surgen son en realidad, no frente al control previo, sino frente a los derechos adquiridos de las especies invasivas que ya han logrado adaptarse a los ecosistemas.


Entiendo la reflexión de muchos biólogos y expertos en el tema, en especial frente a las implicaciones desfavorables que estas especies pueden tener en el mediano y largo plazo en ecosistemas frágiles, como los que se están afectando en Colombia. Pero de otro lado, en donde queda ese sentir humano, si es que existe, y esa valoración y protección a todas las especies, sin dar lugar a su exterminio o a su desprotección.


Los hipopótamos han logrado adaptarse a nuestras condiciones biológicas lo que de alguna manera ha demostrado que han sido capaces de adaptarse, de sobrevivir y de ser “aceptados” por la naturaleza local.


Debemos contemplar entonces, en aras de proteger las especies locales, promover la extinción, masacre, o esterilización de animales que de alguna manera también hacen parte de la vida de la tierra?


Debemos humanizar el conflicto (que tal vez es un conflicto que los mismos humanos hemos creado) o mas bien debemos hacer parte de un mundo globalizado, ya sólo frente a las actividades humanas, sino frente a la supervivencia de las especies, que nosotros mismos como seres humanos hemos puesto en riesgo de extinción.


Con que criterio nosotros los humanos decidimos por especies como los hipopótamos sin considerar en ningún momento, tal vez derechos que han adquirido como seres vivos y como seres que han logrado adaptarse a las condiciones ambientales que favorecen su permanencia en la tierra y la preservación de su especie.


Nos tocaría entonces decidir acabar con todas las especies que han sido introducidas en el mundo, como consecuencia de las actividades humanas exclusivamente, como en el caso de los eucaliptos originarios de Australia (para ser utilizada su madera, y en el caso de la Sabana de Bogotá, para secar la tierra originariamente pantanosa y con un ecosistema definido. O los pinos canadienses, bajo los cuales no crece ninguna especie, gracias a su resina natural que lo impide, y que por el contrario se convierte en un riesgo permanente de incendio y de erosión en algunas partes de la tierra. O por que no, los gatos, perros, caballos y ratones provenientes de Europa.


¿Es esta la razón por la cual debemos decidir por la naturaleza? ¿Es esta la razón para desconocer los derechos de los seres vivos, como en el caso de los hipopótamos, o de los pinos o de los eucaliptos, deben ser exterminados independientemente que se hayan adaptado a los ecosistemas locales y hayan logrado mostrar una fortaleza en la adaptación a las condiciones que les permiten reproducirse?


¿Con que criterio los humanos decidimos sobre la capacidad de adaptación de la naturaleza? Si ni siquiera tenemos la capacidad de protegerla, cuidarla y promoverla, sin sentirnos sus dueños.


Y es que esa precisa mentalidad de dominio sobre la naturaleza, que se fundamenta en aspectos filosóficos e históricos de hace siglos, es la que hoy en día la tiene en riesgo de su exterminio a muchas especies en la tierra.


En este sentido vale la pena valorar el concepto de los derechos de los animales (o por que no, de las especies) y de nuestra posición como seres, que hemos olvidado que también pertenecesmos a los ecosistemas.





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